A un siglo de la Constitución de 1916

por | Nov 12, 2017 | Uruguay | 0 Comentarios

Conferencia pronunciada por Hilario Castro Trezza.

 

El próximo sábado 30 de julio se cumplen cien años de un hito transcendental en la historia cívica del país, los uruguayos votaban por primera vez en forma secreta y a su vez podían sufragar los analfabetos, los peones jornaleros y los sirvientes a sueldo cuya ciudadanía tenían suspendidapor imperio de la Constitución de 1830, de esa manera se consagraba el voto universal masculino.

 

La ciudadanía había sido convocada aquél 30 de julio de 1916 para elegir una Convención Nacional Constituyente que tenía por cometido reformar nuestra primera Constitución.

Corresponde contextualizar este acontecimiento para poder comprender a cabalidad su alcance y significado.

El procedimiento de reforma de la Constitución de 1830 no sólo era complejo sino que la aprobación del proyecto quedaba en manos de un Poder Legislativo escasamente representativo, por ello hubo consenso en modificar el procedimiento de reforma, y para ello el Parlamento en 1907 declara de interés nacional la modificación del procedimiento de reforma constitucional; en 1910 aprueba siete propuestas de enmiendas y en 1912 opta por una de ellas: Convención Nacional Constituyente, compuesta por el doble del número de integrantes de la Asamblea General, electa directamente por el pueblo, para dichos comicios habilita a que puedan sufragar los analfabetos, peones jornaleros y sirvientes a sueldo. La reforma debía ser aprobada por la mayoría de votos en la Convención y luego sometida a plebiscito donde la ciudadanía se pronunciaría por SI o por NO. Por ley de 1 de setiembre de 1915 se establecía el voto secreto y voluntario, la representación proporcional no integral-José Enrique Rodó lucho sin éxito para que fuera integral-, los convencionales serían 218 electos por circunscripción departamental y ejercerían el cargo en forma honoraria.

 

En el ámbito regional se estaban dando cambios democratizadores que no podemos soslayar, en Argentina en 1912 se aprueba la ley Sáenz Peña que implicaba voto secreto, obligatorio y universal masculino, luego de ser aplicado en algunas provincias en 1916 se pone en práctica para la elección del Colegio Elector de Presidente y Vicepresidente de la Nación, triunfando Hipólito Irigoyen de la Unión Cívica Radical termina, con el acceso del popular “peludo” al sillón de Rivadavia, el largo período de la República Oligárquica.

Volvamos a nuestra patria, el procedimiento estaba acordado, ahora se abría la compleja etapa de abordar el contenido de la reforma.

El 4 de marzo de 1913 desde las páginas del diario “El Día” José Batlle y Ordóñez escribe sus famosos “Apuntes” donde propone entre otras muchas cosas innovadoras, la colegiación del Poder Ejecutivo que implicaba suprimir la Presidencia de la República e instaurar una Junta de Gobierno de nueve miembros electos directamente por el pueblo, el partido ganador se llevaría la totalidad de los cargos que en la primera oportunidad se elegirían todos en un mismo acto y luego se renovaría un miembro por año, en 1915 al articular su proyecto llevó a cabo algunas correcciones, dos de los miembros serían elegidos por la Asamblea General por un período de seis años y los otros siete elegidos por la ciudadanía y renovándose uno por año.

 

El fundamento esgrimido era evitar cambios bruscos cada cuatro años y despersonalizar el poder como ocurría en Suiza donde la mayoría de la población ni siquiera sabía quién era el Presidente de la Confederación. Pero esta formidable ingeniería colegialista implicaba tal grado de continuidad que el partido perdedor en la primera elección debería ganar cinco elecciones consecutivas para poder tener mayoría en la Junta de Gobierno.

 

Dentro del Partido Colorado los “Apuntes” produjeron la primera gran escisión 11 senadores, de un total de 19 que componían la Cámara, encabezados por Pedro Manini Ríos tomaron distancia política de Batlle para siempre, en 1916 constituirían el Partido Colorado General Fructuoso Rivera por ello se conoció a sus integrantes como riveristas.

En el Partido Nacional la oposición no fue menos frontal, además de considerar profundamente inconveniente la colegiación del poder ejecutivo-institución exótica la denominó Alfredo Vázquez Acevedo-, se entendía que era una forma de perpetuar al Partido Colorado en el Poder.

En ese ambiente de dura confrontación se llevan a cabo los comicios el 30 de julio de 1916, la elección fue ejemplar de 230.815 habilitados sufragan 146.632, cuando en anteriores elecciones el promedio no superaba los 45.000 votantes.

 

Los resultados fueron Partido Nacional:68.073 votos;Colorados anticolegialistas: 14.548 votos; Colorados colegialistas: 60.420 votos; Socialistas: 2001 votos y Cívicos: 1.590 votos.

Si bien los colorados tuvieron 6.895 votos más que los nacionalistas,  lo que importaba era que habían triunfado los anticolegialistas blancos y colorados por 22.201 votos de diferencia sobre los colegialistas.

 

Los convencionales se distribuyeron de la siguiente manara 105 nacionalistas,22 colorados anticolegialistas,85 colorados colegialistas,2 socialistas,2 cívicos y 2 independientes.

La espectacular votación del Partido Nacional y la clara derrota de la propuesta colegialista, llevaron al oficialismo a reformar la legislación electoral, el voto seguiría siendo público y a la minoría sólo le sería concedido 1/3 siempre que alcanzara un 25 % de los votos emitidos, además se asignaba 1 diputado cada 11.000 habitantes lo cual favorecía a los departamentos más poblados donde el partido colorado tenía neto predominio. Con esta legislación electoral se llevaron a cabo las elecciones de diputados y parcial de senadores el 14 de enero de 1917 y aun así 64.683 votaron por candidatos anticolegialistas y 63.713 por candidatos colegialistas, pero como los primeros coaligados pertenecían a partidos diferentes en la asignación de bancas fue mayoritario el batllismo.

Se produjo un hecho inédito desde el punto de vista institucional en la Convención Nacional Constituyente la mayoría era anticolegialista y en la Asamblea General la mayoría era colegialista.

 

Los diputados batllistas Juan Antonio Buero y Eugenio Martínez Thedy presentaron un proyecto de ley que establecía que para que la reforma constitucional fuera aprobada en el plebiscito se necesitaba no sólo la mayoría de los votantes en el comicio sino que concurrieran al mismo la mayoría de los inscriptos en el Registro Cívico,lo cual era un verdadero despropósito máxime cuando el voto era voluntario.El proyecto de ley se aprueba en la Cámara de Representantes. A su vez Batlle y Ordóñez presenta su candidatura para un tercer período presidencial.

 

El Partido Nacional advierte que no habrá reforma constitucional y que Batlle y Ordóñez será electo Presidente de la República por la Asamblea General en 1919 y opta por negociar, se constituye una comisión bipartidaria de ocho miembros y sobre la base de un proyecto elaborado por el nacionalista Duvimioso Terra-convencional constituyente electo por Florida-,se concuerda en la creación de un poder ejecutivo bicéfalo: un Presidente de la República con competencia en relaciones exteriores, interior y guerra y marina y un Consejo Nacional de Administración de nueve miembros con renovación por tercios bianual correspondiendo dos a la mayoría y uno  la minoría, con competencia en hacienda, industria, trabajo, previsión social, obras públicas , asistencia e higiene públicas e instrucción pública. Además entre otras muchas cosas innovadoras, se establece la inscripción cívica obligatoria, el voto universal masculino, secreto y voluntario, y la representación proporcional integral todo lo cual fue admirablemente regulado por leyes de 1924 y 1925. A su vez facultaba a la ley aprobada por dos tercios de votos del total de componentes de cada Cámara a concederle el voto a la mujer,ello fue aprobado por ley en 1932 y se puso en práctica en las elecciones de 1938.

 

El proyecto es aprobado por la Convención el 15 de octubre de 1917 y se plebiscita el 25 de noviembre de 1917, votan por SI 84.992 ciudadanos y por NO 4.030, en un marco de considerable abstención-votaron 89.322 ciudadanos menos que el 30 de julio de 1916-.Nuestra segunda Constitución regiría durante catorce años desde el 1 de marzo de 1919 y hasta el golpe de estado de 31 de marzo de 1933.Fue un texto que no conformó totalmente a ninguna de las partes pactantes, las dos ramas del poder ejecutivo tenían rumbo de colisión, ello se evitó en época de prosperidad, pero cuando sobrevino la crisis económica de los comienzos de la década del treinta el choque fue inevitable. Batlle y Ordóñez lo advirtió, durante el proceso de negociación, en el diario “El Día” en la edición del 25 de abril de 1917: “La espada de Damocles de la Presidencia estaría permanentemente suspendida sobre el Consejo”, y un 31 de marzo de 1933 la espada se bajó súbitamente dando lugar al primer golpe de estado del siglo XX.

 

No obstante, las garantías del sufragio libre que se erigieron durante la vigencia de aquella Constitución permanecieron incólumes en el tiempo y aún durante la dictadura militar, gracias a ellas fue posible el triunfo del NO el 30 de noviembre de 1980 en una jornada cívica que asombró al mundo.

 

Quiero culminar esta exposición, en las vísperas del centenario de uno de los mayores fastos cívicos del país, con las lúcidas y valientes palabras que pronunciara el diputado colorado José Enrique Rodó en la Cámara de Representantes el 6 de abril de 1903, dado que ellas resumen magistralmente el problema institucional que vivió la República de 1865 a 1919 y que comenzó a zanjarse aquél memorable 30 de julio de 1916:

 

“No he tenido reparo en decir a mis correligionarios y mis amigos que el Partido Colorado debe renovar su predominio en la fuente legítima del sufragio, si se considera digno de seguir gobernando la República; porque después de cuarenta años consecutivos de gobierno, empieza ya a tomar las características de una gran anomalía histórica esta perpetuación indefinida en el poder sin títulos saneados de legalidad…

Complemento esta declaración que he hecho reiteradas veces, agregando que si el Partido Nacionalista en comicios libres, llega alguna vez a mejorar o a aumentar las posiciones que tiene dentro del Poder Legislativo yo como colorado lo sentiré mucho, porque tengo sentimiento partidario, pero como ciudadano, como legislador, como escritor pondré incondicionalmente mi voto, mi palabra, mi pluma para contribuir a sofocar y a rechazar toda protesta que se levante contra ese hecho natural dentro del régimen de las instituciones”